Marta's profileEn las nubesPhotosBlogListsMore ![]() | Help |
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February 11 SKIN Hace poco me he dado uno de estos pequeños lujos que llevamos tiempo queriendo tener pero nunca encontramos el tiempo. Fui a que me diesen un masaje. El hombre en cuestión era experto en Shiatsu, un tipo de masaje digital que aplica presión en determinadas zonas del cuerpo. Poniendo a un lado las historias del Chi y la canalización de energías en las que me cuesta creer, el masaje en cuestión acabó siendo muy resultón. Tampoco es que me gustase el dolor, porque hay que reconocer que la presión en determinadas zonas eran más bien como una tortura, pero al finalizar te inunda una sensación de bienestar … Lo único, y esto ya se trata de algo muy personal, es la incomodidad de notar las manos de un desconocido. No sé si es sólo cosa mía, pero me resulta muy embarazoso ponerme a merced de una persona que no conozco de nada y notar sus manos tocar las mías. No estoy hablando de la espalda, las piernas, los brazos… parece que son zonas de mi cuerpo que no acusan tanto el tacto ajeno, siempre que se trate de una terapia proveniente de un profesional. Sin embargo las manos… es superior a mi. Fue algo muy suave, duró muy poco y apenas se centró en esas extremidades, pero me resultó muy incómodo. Sus manos eran suaves, nada desagradables, pero no pude evitar sentir mi intimidad invadida. Ahora trato de imaginarme una manicura y creo que causaría un efecto similar. Con las manos lo tocas todo, con las manos creas, con las manos te ayudas a mantener el equilibrio, te expresas, te desahogas… en fin, que son unas herramientas con unas terminales nerviosas más que manidas(no sé si me cogen el chiste malo) como para ahora impresionarse por el tacto de unas herramientas iguales. Y no es que me impresionase, es que no me resultó agradable. Tal vez porque mis manos las guardo sólo para las de quien me gusta, y aún siento timidez al encontrarme con las de quien no está en mi diminuto círculo de confianza. Y no se trata de no estrechar jamás la mano de alguien cuando se nos presenta, ya que en esos momentos no siento vergüenza alguna… sino de sentir el tacto de otra mano cuando no debo, cuando me siento relajada y tranquila y las formalidades no lo requieren. Ahí es donde me vi sorprendida y estoy segura que algún color saltó a la vista, escondido entre el bendito cojín con forma de rosquilla. ¿Qué si volvería a experimentar otro masaje?... ¿Se pueden llevar guantes? |
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