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    August 13

    M

    Después de casi un año sin cruzar palabras, una esperaba que algunas cosas se hubiesen enfriado. Sin embargo aún encuentro palabras hirientes, no por su configuración externa sino por su alevosía. Se puede percibir la amargura, la curiosidad malévola, la mala educación… siempre con la intención de hacerme sentir inferior. Ése era su mayor problema, ya reconocido por él anteriormente en un raro ataque de declaración sincera… se sentía inferior, insuficiente, con respecto a mi. ¿Y qué podía hacer yo? Tantas veces intenté convencerle de que no era así, que al final mi mayor decepción fue descubrir que, por su actitud, no hacía más que demostrarme que tenía toda la razón. Pues bien, aceptemos que era inferior. Aceptemos que no me llegaba a la suela de los zapatos, que se comportaba como un inmaduro y caprichoso que no sabía lo que significaba querer a alguien de verdad, y mucho menos asimilar todo lo que conlleva ese sentimiento. Aceptemos que jugaba con los sentimientos, que jugaba a ser mayor y a hacer planes de futuro… que sólo jugaba. Y aceptemos que por ese complejo, prefería hacerme sentir esa inferioridad en mí misma ya que él no sabía superarse. Quiso machacar mi intelecto, mi espíritu y mi corazón con su actitud arrogante, egoísta y fría. Por un tiempo lo consiguió. Me venció en espíritu y corazón. Pero mi intelecto siempre supo que él no tenía razón. Entendía que las personas somos diferentes, que no todos tenemos que pensar y sentir igual y, por ello mismo, se entristecía por lo que había ocurrido… por haberse topado con alguien que no era capaz de llegar a comprender eso y arremetiese contra todo otro ser por la rabia que sentía, consciente de su propia intolerancia. Ahí es cuando llegas a darte de cuenta de la enorme inferioridad a la que está sometida esta persona. Un hombre pequeño que vive en un mundo pequeño. Así, tras un año, su actitud sigue igual. Pavoneándose de sus virtudes, de lo que cree que son virtudes e incluso de sus defectos. Con un comportamiento orgulloso, casi triunfal, tratando de crearse una muralla protectora contra lo que yo pueda hacerle saber que pueda doler. Marcando su territorio con orina plena de testosterona y de la reafirmación de su propio ser, o más bien de lo que querría ser; una imagen, una idea, un deseo, un sueño. Y lo triste de todo esto es que ni siquiera es fiel a esa figura… sólo sabe pisotear, aprovechar cualquier comentario emocional para sacarlo más adelante con una falsa calma disfrazando su rabia. Se dedica aún a jugar con lo que antes eran ilusiones, tanteando sentimientos y reacciones. Es una imagen fallida, ya que sólo es una imagen plana. Plana, y aún pequeña.